miércoles, 17 de noviembre de 2010

Sobre España...

Desde hace unos días, quizás semanas, me siento patriota. Para los que no lo sepan, es un sentimiento que me parece absolutamente vacío, falso. Creado en los siglos XVIII y XIX, que para mí siempre ha carecido de sentido. Odio los nacionalismos. Me parecen un reducto de cobardes, de mentes cerradas, en cierto modo conservadoras, y al fin y al cabo un pensamiento empobrecedor. Tampoco he creído nunca en los estados unitarios, en la capital, en el centralismo. Quizás, sea una vena marxista, de esas que ya no me quedan, y por eso lo que mas me gusta es lo internacional.

Pero volviendo a mi sentimiento patrio, he mirado a España desde una óptica diferente. Me he imaginado mi España ideal, con camisa blanca de mi esperanza. Por hacerlo más gráfico, más empírico y al mismo tiempo nostálgico, este pensamiento tiene fecha histórica. La Segunda República. Me di cuenta de ello al responder a la siguiente pregunta: “¿Qué crees que era Picasso, francés o español?... Republicano”. Cuando el ser la vanguardia de Europa era un hecho; Cuando el arte y la literatura estaban en plena explosión; Cuando las ideologías efervescían; Cuando la libertad tenía su auténtico significado. La misma que perdió injustamente contra la España más repugnante, fascista y entristecedora. Y fruto de esas dos Españas, que digan lo que digan, existirán siempre, está la España actual. Esa España confusa, desubicada, desgarradora y entusiasmante, fugaz pero eterna; España al fin y al cabo. Nunca volveremos a tener esa España: ya no llevamos una camisa blanca, ni nos enfrentamos al ancho mar. Ya no huimos, pero tampoco luchamos. Y no está mal, ni bien, está como está. A mí, me gusta quedarme con los campos de castilla, los troncos retorcidos de los olivos, la tierra de paz y libertad, la España entre dos aguas, la España que sangra lucha y pervive.

El sentimiento patriota es un sentimiento fuerte, porque es un sentimiento de identificación. Pero el sentirse español, no es sólo eso, es lidiar una lucha interna continua. La historia de España rasga vestiduras, abre heridas y quema las entrañas. Emociona, pone los pelos de punta, y sólo en fugaces momentos ilumina con una luz cegadora, que calienta y alumbra el rincón más frío y oscuro. Por eso, cuando alguien me pregunte cuál es mi patria, sólo podré decir: La República.

sábado, 25 de septiembre de 2010

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En el preciso instante en el que te das cuenta que el sorbo de una copa o una prenda de ropa te produce más satisfacción que un polvo, un beso o una carcajada, entras de lleno en un circulo vicioso compuesto principalmente por cosas banales y baladíes, con b las dos, que sin embargo te hace creer todas esas tonterías que las películas americanas y con ellas el pensamiento único que rige este mundo en el que vivimos, te entregan lo que los antiguos llamaron felicidad. Y desde luego es una felicidad absurda, que carece de carga emocional profunda, pero es para la única que nos han preparado. No tiene vuelta de hoja, garantía de por vida y es mucho más fácil de conseguir. Si la camisa te sienta mal la cambias y ya está. No hay compromisos, y la única relación que se puede establecer es la de calidad-precio, también más sencilla que cualquier otra. No obstante, como todo lo superficial, se queda flotando sin llegar a tocar tierra, con lo cual, al poco tiempo vuelves a sentirte vacío y buscas otra cosa que te pueda satisfacer en el más amplio sentido de la palabra. Y ¡Joder, que mierda! De repente caes en la cuenta de que todas esas cosas son una estupidez y decides convertirte en una versión más interesante de ti mismo, no por impresionar, que no hace falta, sino más bien para sentirte un poco mejor y verte más guapo en el espejo. Así puedes dormirte pensando en lo bien que le viene al mundo que exista una persona de tal calado. Pero recapacitemos un momento; lo único que ha cambiado es el decorado, las bases siguen siendo las mismas, el mundo tal y como lo conocemos, algunos más y otros menos, sigue siendo una enorme farsa sin sentido, en el que nosotros, pobrecitos, nos aferramos a lo que los católicos llaman fe cristiana y los ateos esperanza. Todo va a ir a mejor, porque sí. Porque nos encanta pensar que todo es una gran evolución, que vamos a más. Al fin y al cabo, como ya dijeron otros, si nos levantamos de la cama cada mañana es por que tenemos una confianza dogmática en lo que nos rodea y sus posibilidades. ¡Pero qué bonito! A follar como locos todos y a comprarnos muchas cosas y así podremos tener orgasmos mas estéticos y conversaciones post-coito muchísimo más intelectuales.

sábado, 4 de septiembre de 2010

sptmbr


El café recién hecho por la mañana. O el recalentado en el microondas por la tarde. El caminar corriendo. O el correr muy despacio, sin querer llegar. El ultimo calo. O el primero. El morderse ligeramente el labio. O el fruncir el ceño y girar la mirada. Dejar caer la cabeza. O erguirse de un salto. Darle la vuelta a la cara. O repetir sin parar la B. Coger el autobús. O esperar al siguiente. De pie, de rodillas, sentado. O al revés. Asomarse hasta perder el equilibrio. O cerrar las ventanas de golpe. Apartarse el pelo de la frente. Sin cinturón. En segunda. O en tercera. Ordenado alfabéticamente. O por gama cromática. Mirarse en los espejos. O en el reflejo de un cristal. Apagar. O encender. Empezar...







viernes, 25 de junio de 2010






Tadzio, Morte a Venezia


Película de Visconti basada en la novela Der Tod in Venedig de 1912 de Thomas Mann

jueves, 24 de junio de 2010



Au revoir les enfants


martes, 22 de junio de 2010





Reds (Rojos)











Cinema Paradiso

lunes, 21 de junio de 2010


El olor que sentía era completamente desconocido. No olía mal, pero tampoco olía lo que se dice bien. Supongo que porque no lo conocía; lo que conocemos, bueno o malo, siempre parece algo mejor.

Lo que veía, sin embargo, me resultaba conocido. Me agradaba. Independientemente de que lo conociera, puesto que ya me había gustado antes. Eso me resultaba agradable. El recordarlo y no simplemente verlo por primera vez. Lo cierto es que el factor sorpresa de un sitio es genial. Pero lo es tambíen el factor "pseudosorpresa''.

El factor "pseudosorpresa'' lo tienes cuando vuelves a un sitio, que por un lado ya conoces, pero por otro sigue siendo desconocido y no te resulta nunca aburrido ni tedioso.

He dicho antes que lo conocido nos resulta siempre más favorable. Bueno si lo conoces mucho mucho no. Te resulta agobiante, asfixiante y angosto. Menudos tres adjetivos para sentirlos acerca de algun lugar. No se lo recomiendo a nadie. Probablemente si nos sentimos así en algun sitio, en nuestra casa o nuestra ciudad, la culpa sea más bien nuestra. No te puede agobiar tanta gente porque sí.





Scheersberg 10'