No hay hora mejor que la una cuarenta. Es el momento de la incipiente madrugada que marca el rumbo de la noche. En mi caso como en el de mucho otros, no era mas que una hora cualquiera. ¿Por qué no las tres y media, o las cuatro menos cuarto?
La una cuarenta parece no tener ninguna relevancia, pero lo cierto es que puede cambiar tu noche. No hace falta ser una sibila para darte cuenta de que siempre, todas las noches, ocurren cosas en ese preciso momento.
Si te sueles acostar a la una y media, como un servidor, es la hora en la que haces tus ultimas reflexiones del día, en la que te quedas pensando acerca de alguna chorrada que te ha dejado mella o siemplemente piensas que mierda de día te espera al despertarte. Incluso hay veces que pasada la una cuartenta ya es dificil dormirse. Has pasado una especie de umbral de una sola dirección hacía una noche de desvelos.
Te levantas a mear. Bebes agua. Te fumas un cigarro. Vuelves y todo sigue igual. El techo sigue estando ahí, aunque sería mas divertido que no estuviera. La cama sigue siendo igual de grande o pequeña, aunque te gustaría que fuera diferente. La mesita de noche esta a la misma distancia y sigues sin poder coger lo que dejas en el extremo opuesto a la cama.
Si en cambio, sales a dar una vuelta por la noche, la una cuarenta puede ser la hora de volver de una cena con amigos, de una despedida, de una cena romantica que no ha acabado como esperabas. Esto te llevaría al parrafo anterior. Sin embargo puede ser la hora que cruces la puerta de la calle, tu propio umbral a una noche de desvelos. La hora del encuentro. Puede ser la hora en la que no vas todavia borracho pero sabes que no te queda mucho para que la vista se te empiece a distorsionar. Es la hora en la que no sabes hacia que derroteros te llevará la noche. Es la hora incierta. Llena de espectativas…o no. Pero sobre todo es la hora de la que te acordarás a la mañana siguiente cuando pienses como empezó la noche.
Paper Boy memories.
holita
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