martes, 6 de abril de 2010

Un viaje a ninguna parte.

¿Nos subiríamos a un avión si supiéramos que no lleva a ningún lado en especial? ¿Acaso cogeríamos un taxi sin decirle a donde vamos? ¿Seguiríamos un sendero que no conocemos por el simple hecho de seguirlo?

Obviando la respuesta, se me plantea entonces, otra pregunta : ¿Por qué, sin embargo, desde el día en el que abrimos los ojos, hasta el día en el que los cerramos, no nos bajamos de este vehículo, llamado existir, ser…? Si nos lo preguntaran…¿Diríamos que sí?

Sin saber realmente responder, me remito a mi alegoría. No hay viaje interesante si no hay paradas interesantes, y por supuesto, no hay viaje aburrido si no hay paradas aburridas. Es decir, si seguimos abriendo los ojos cada día, es por que seguimos teniendo la esperanza de encontrar algún sitio donde parar. Un lugar, por muy pequeño que sea, que nos permita mirar nuestro horizonte y recapacitar el camino andado.

Lo importante al fin y al cabo cuando paras en un viaje es muy básico: mear, estirar las piernas y como mucho comprarte algo de comer. Pero en la vida, cuando paras, lo importante es vivir.


Paper Boy Memories

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