En el preciso instante en el que te das cuenta que el sorbo de una copa o una prenda de ropa te produce más satisfacción que un polvo, un beso o una carcajada, entras de lleno en un circulo vicioso compuesto principalmente por cosas banales y baladíes, con b las dos, que sin embargo te hace creer todas esas tonterías que las películas americanas y con ellas el pensamiento único que rige este mundo en el que vivimos, te entregan lo que los antiguos llamaron felicidad. Y desde luego es una felicidad absurda, que carece de carga emocional profunda, pero es para la única que nos han preparado. No tiene vuelta de hoja, garantía de por vida y es mucho más fácil de conseguir. Si la camisa te sienta mal la cambias y ya está. No hay compromisos, y la única relación que se puede establecer es la de calidad-precio, también más sencilla que cualquier otra. No obstante, como todo lo superficial, se queda flotando sin llegar a tocar tierra, con lo cual, al poco tiempo vuelves a sentirte vacío y buscas otra cosa que te pueda satisfacer en el más amplio sentido de la palabra. Y ¡Joder, que mierda! De repente caes en la cuenta de que todas esas cosas son una estupidez y decides convertirte en una versión más interesante de ti mismo, no por impresionar, que no hace falta, sino más bien para sentirte un poco mejor y verte más guapo en el espejo. Así puedes dormirte pensando en lo bien que le viene al mundo que exista una persona de tal calado. Pero recapacitemos un momento; lo único que ha cambiado es el decorado, las bases siguen siendo las mismas, el mundo tal y como lo conocemos, algunos más y otros menos, sigue siendo una enorme farsa sin sentido, en el que nosotros, pobrecitos, nos aferramos a lo que los católicos llaman fe cristiana y los ateos esperanza. Todo va a ir a mejor, porque sí. Porque nos encanta pensar que todo es una gran evolución, que vamos a más. Al fin y al cabo, como ya dijeron otros, si nos levantamos de la cama cada mañana es por que tenemos una confianza dogmática en lo que nos rodea y sus posibilidades. ¡Pero qué bonito! A follar como locos todos y a comprarnos muchas cosas y así podremos tener orgasmos mas estéticos y conversaciones post-coito muchísimo más intelectuales.
sábado, 25 de septiembre de 2010
sábado, 4 de septiembre de 2010
sptmbr
El café recién hecho por la mañana. O el recalentado en el microondas por la tarde. El caminar corriendo. O el correr muy despacio, sin querer llegar. El ultimo calo. O el primero. El morderse ligeramente el labio. O el fruncir el ceño y girar la mirada. Dejar caer la cabeza. O erguirse de un salto. Darle la vuelta a la cara. O repetir sin parar la B. Coger el autobús. O esperar al siguiente. De pie, de rodillas, sentado. O al revés. Asomarse hasta perder el equilibrio. O cerrar las ventanas de golpe. Apartarse el pelo de la frente. Sin cinturón. En segunda. O en tercera. Ordenado alfabéticamente. O por gama cromática. Mirarse en los espejos. O en el reflejo de un cristal. Apagar. O encender. Empezar...
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